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Posts Tagged ‘años 20’

Los cuadros 1, 2 y 3 son del 2004.  El 4 es del 2005. Existían otros dos, 5 y 6, pero han sido borrados de la memoria, no merecen la resurrección.

Recordemos:

Cuadro 1:

Un rebaño de ovejas muertas, dispuestas sin un orden perceptible. El pastor, empalado en su cayado, no ha perdido el respeto. Un perro en celo se disputa con las urracas el cuerpo acartonado de la burra.

El único sonido que se escucha es el tintineo de una cucharilla en una taza. Un robot de los años 20, indiferente ante tal escena, degusta una taza de café árabe en una pequeña mesa de forja pintada de blanco. Sobre las 16 horas.

Cuadro 2:

Árboles huecos, 7 filas de 21. La corteza a la vez que transparente parece elástica. Dentro, si observamos atentamente, esas formas marrones aterciopeladas son cadáveres de liebres dispuestas simétricamente formando arabescos. No hay estufas cerca. Más allá del grupo de árboles se levanta una casa-palacio habitada por robots de los años 20.

Cuadro 3:

Dos grupos de robots de los años 20 juegan al polo en lo que parece ser un campo de cebada.

Los caballos, marrones todos, iluminan el espacio con sus ojos de Led. Las expresiones de los robots no ofrecen información sobre el partido. Sobre las 21 horas.

Cuadro 4:

Son las 4 de la tarde, en el pequeño pueblo todos duermen la siesta. Un perro persigue  un  tractor, un  Nuffield del 48, conducido por un robot de los años 20. Suena “Song sung blue” de Neil Diamond.

 

Hoy  ha sido creado el Cuadro 5:

Ya no quedan robots de los años 20 en el pueblo, solo queda hierba seca y polvo. En las afueras, una carretera. En el lado izquierdo cientos de perros aullan el blues más triste jamás escuchado, en el lado derecho, cientos de caballos lloran en silencio. A lo lejos, distorsionado por el calor del asfalto, un cuerpo sin vida y una guitarra, Un acorde menor en séptima mantiene la solemnidad y la tensión.

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Más vale levantarse, tomar un trago de alguna bebida alcohólica y olvidar los cuadros, la pequeña situación que viene a continuación no tiene nada que ver con lo anterior, es una de esas situaciones de la que  cualquier persona desearía formar parte.

Pequeña situación.

Sí, la gorda gritó tan fuerte que un estallido de sangre empapó a los asistentes del alumbramiento, las palabras del bebé al salir fueron: “qué hijos de puta! dadme un cigarro cabrones, llevo 9 meses a 70 grados dentro de este saco de carne y… ¿tengo que tragarme ahora todo el tema de los peluches y los patucos? A tomar por c …ulo! Me voy al bar”.
La gorda engulló al bebé y seguidamente vomitó una preciosa niña que entretuvo a la audiencia con unos maravillosos pasos de charleston.

El hombre del monóculo la miraba suciamente, estirando sus tirantes con los pulgares y moviendo su puro arrítmicamente en su boca, se imaginaba las noches de dinero y whisky en Broadway. Notó como lloraba genitalmente. Todos lo notaron, la niña también. El hombre hubiera muerto de un infarto en tres días pero fueron las puñaladas de nuestra pequeña amiga bailarina las que destrozaron el corazón del sucio cazatalentos.

La gorda engulló el cadáver y, seguidamente, vomitó un perro que giraba sobre sí mismo a dos patas. Todos volvieron a aplaudir.

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